domingo, 27 de mayo de 2012

ALEGATO DE UN INCA ANTE DIOS



- ¿Acaso no sabías que existía este continente? ¿Por qué la Biblia no lo nombra? ¿O acaso tu mano omnipotente sólo se encargó de crear Europa y parte de Oriente? Que eres un gran creador… eso no lo niego, porque fue tu inspiración la que creó al hombre blanco que primero nos esclavizó, después nos robó y violó y finalmente nos aniquiló. Siempre creímos que lo peor que habían traído los españoles en las carabelas había sido la pólvora y las enfermedades, pero nos equivocamos… ¡fuiste tú! ¿Por qué no te quedaste allá?
 
¡¿Por qué no te devoraron los tiburones en el océano?!
 
- ¿Dime cuáles de los mandamientos estábamos transgrediendo? ¿No robar? ¿No matar? ¿No mentir? Ya sé cuál debe ser, no levantar imágenes de piedra de falsos ídolos, pero si esa fue la razón por la cual nos trituraron en tu nombre, déjame decirte que nosotros siempre adoramos cosas que supuestamente tú habías creado, como el Sol, la Luna, el Mar. El único de piedra eres tú. Solamente alguien de piedra puede quedarse mirando mientras se tortura y se arrasa con millones.
 
Además, nuestros dioses jamás nos pidieron ofrendas monetarias ni un diezmo del sueldo.
 
¿Cómo puede ser que un Dios que dice que es amor pueda avalar la existencia del dinero, principal motivo de la sangre que corre en la tierra(después de tí claro)?
 
Ahora entiendo por qué permitiste que nos exterminen en tu nombre. Te molestaba que existan seres de un color que tú no habías creado, en un continente que tú no habías creado y que hayan desarrollado una civilización tan hermosa, tan justa, tan organizada y tan superior a la del hombre blanco y rubio que tú hiciste a tu semejanza.
 
¿Es Jesús tu manera de pedirnos perdón, rey de reyes? En nuestra gente desde que llegó tu doctrina a nuestras tierras hay millones que murieron de hambre, humillados y ahogándose en una mina, aplastados totalmente y en todo sentido. Tu Jesús sufrió el látigo algunas horas, nosotros lo estamos sufriendo hace más de cinco siglos. Con la diferencia que a tu Jesús lo tienes sentado a la derecha de tu trono.