martes, 6 de noviembre de 2012

¿SE TE SUBIÓ EL MUERTO? NO, ES PARÁLISIS DEL SUEÑO


¿Alguna vez has despertado a la mitad de la noche y estás consciente pero no puedes moverte? ¿Sientes que te oprimen el pecho, que alguien se sienta en tu cama o se recarga en ti, tu corazón se acelera y ves una silueta junto a tu cama?

La sensación es desesperante y aterradora, ¿verdad?

Pues no te asustes, hay una explicación lógica y nada sobrenatural, todo está en tu mente.



La PARÁLISIS DEL SUEÑO es una incapacidad transitoria para realizar cualquier tipo de movimiento voluntario que tiene lugar durante el periodo de transición entre el estado de sueño y el de vigilia. Puede ocurrir en el momento de comenzar a dormir o en el de despertarse y suele acompañarse de una sensación de gran angustia. Su duración suele ser corta, generalmente entre uno y tres minutos, tras los cuales la parálisis cede espontáneamente. Durante el episodio, la persona está totalmente consciente, pero es incapaz de moverse o hablar, lo que puede provocar gran ansiedad. Sin embargo, no existe ningún peligro para la vida, pues los músculos respiratorios siguen funcionando automáticamente. 

De acuerdo a la terminología médica, la parálisis del sueño es una incapacidad transitoria para realizar cualquier movimiento muscular, que ocurre por lo general cuando se entra a la llamada fase de Movimientos Oculares Rápidos (MOR o REM por sus siglas en inglés). Es aquí, también en su mayor parte, cuando soñamos. La inmovilidad es un mecanismo absolutamente normal que desarrolla nuestro organismo para evitar que escenifiquemos nuestros sueños. Por ejemplo, imagina qué pasaría si en sueños corres por una calle y tu cuerpo deja su estado de reposo para seguir dicha acción. Es simple. De esta manera se evita cualquier peligro para el individuo.

Sin embargo, muchas veces se registra una desincronización -la fase REM pasa de ser una de las últimas a la primera del sueño- que muchos expertos denominan parálisis del sueño aislada (PSA). En este estado continuamos con la inmovilidad casi absoluta, salvo por los ojos y dedos, pero estamos conscientes sobre nuestras camas. El episodio tiene lugar por lo general cuando empezamos a dormir o despertar y puede extenderse por algunos minutos, en algunos casos con repeticiones, y si bien no es tan difícil explicarlo, la experiencia puede resultar espantosa para muchas personas.

Es un fenómeno muy común, se considera que le ocurre por lo menos una vez en la vida a un porcentaje muy alto de la población. Para empezar, las personas que la experimentan no sufren de desordenes mentales. Un episodio de esta  parasomnia -según se registra en la Clasificación Internacional de los Trastornos del Sueño- se manifiesta en pacientes con narcolepsia u otros desordenes como son los trastornos de ansiedad, de bipolaridad, la depresión y el estrés postraumático. Asimismo, si el individuo tiene estrés o preocupaciones, tiene horarios de sueños fragmentados o irregulares es muy posible la aparición de parálisis.



Se reconocen tres tipos.

Formas Aisladas: Puede aparecer de manera aislada en individuos sanos. En estos puede asociarse a niveles altos de estrés y ansiedad, o a un sueño demasiado fragmentado y un horario irregular de descanso.

Forma Familiar: La parálisis del sueño de tipo familiar sin que existan otros síntomas acompañantes como ataques de sueño o cataplexia es poco frecuente, con sólo unas pocas familias descritas en la literatura. Se produce cuando uno o varios miembros de la familia sufren del mismo trastorno.

Forma Asociada a Otra Patología: Puede estar asociada a otra patología, principalmente narcolepsia.




Son 6 las experiencias típicas que suceden durante el transcurso de la parálisis:


Sensación de PresenciaSensación de una o varias presencias en la casa a las que se considera como «intrusos». Es una impresión neutra acompañada de aprehensión y temor. Se presupone la presencia sin necesidad de corroborarlo sensorialmente. En algún momento sienten que la presencia se mueve, entra en la habitación, puede acercarse a la cama, incluso sentir presión en el colchón. La mitad de las personas relatan que saben que son observados fijamente, pero no saben identificar desde dónde.

Presencia Amenazante: los encuestados interpretan que la naturaleza de la presencia y el ambiente que la rodea de peligrosa o malévola, y que intenta la posesión (a veces el rapto o abducción en el caso de creer que se trata de aliens, conocidos como visitantes nocturnos). Se acompaña de un fuerte sentimiento de terror, peligro y urgencia; necesitan despertarse lo más pronto posible. Este estado de pavor no siempre se asocia a la posibilidad de sufrir daño físico, sino más bien al sentido misterioso particular de la maldad que desprende la entidad. Se siente la amenaza de fuerzas sobrenaturales y demoníacas que buscan robar el alma o poseer el cuerpo del durmiente.

Alucinaciones Visuales: más o menos vívidas, inconstantes, vagas e indefinidas, cercanas a la pseudo-alucinación; el estímulo externo percibido se reconoce como real. En el caso de la presencia, está queda fuera de la vista, o en la periferia del campo de visión, o camuflada entre las sombras del cuarto; en algunos casos se relatan imágenes detalladas de objetos y seres como fantasmas, figura oscura a los pies de la cama, esqueletos, calaveras, etc.

Alucinaciones Auditivas: al igual que en las visuales se tiene la convicción de que los sonidos son reales, y que provienen del exterior más que de su mente. Son sonidos elementales, mecánicos e intensos, como zumbidos, rumores, siseos, correteos, rugidos, campanadas, golpes, vibraciones, silbidos, chillidos, rechinadas y gimoteos. En otros casos son sonidos identificables concretos como timbres de teléfono, sirenas, herramientas, motor eléctrico, golpes de puerta, arrastrar de muebles, vidrios o vajilla rompiéndose, música extraña, sonido de radio con ruido blanco o que recibe varias estaciones, sonidos de viento, rugido de olas del mar, etc.; las voces humanas son el sonido más frecuente en un 37% de los casos, en forma de griterío o leves susurros, sin mensaje identificable ni claro.

Alucinaciones Táctiles: comunes y relacionadas con la presencia intrusiva; incluye la sensación de que el colchón se hunde, que alguien se sienta, que se recarga sobre la persona, que le retira las sábanas o que la agarra de las manos o los pies.

Dificultades Respiratorias: sensaciones de presión en el pecho, dificultad para respirar, estrechez alrededor del cuello como si fuera estrangulado, y sensaciones de sofocación y asfixia; estas percepciones pueden explicarse por la parálisis de los músculos voluntarios; el estado de sofocación produce gran angustia, pánico y temor de morir asfisxiado. Los ataques físicos en este sentido se asocian igualmente a la presencia maligna.






FOLCLORE

Se le suele relacionar con el Íncubo (del latín Incubusin, ‘sobre’ y cubare, ‘yacer’, ‘acostarse’), es un demonio masculino en la creencia y mitología popular europea de la Edad Media que se supone se posa encima de la víctima durmiente, especialmente mujeres, para tener relaciones sexuales con ellas, de acuerdo con una cantidad de tradiciones mitológicas y legendarias. Su contraparte femenina se llama súcubo. Un íncubo puede buscar tener relaciones sexuales con una mujer para convertirse en el padre de un niño, como en la leyenda de Merlín. Las víctimas viven la experiencia como un sueño sin poder despertar de éste.

*En la cultura afroamericana, las parálisis del sueño aisladas se denominan comúnmente como "cuando el diablo se sube a tu espalda". Varios estudios han mostrado que los afroamericanos pueden estar predispuestos a la parálisis del sueño aislada también conocida como "la bruja se le está echando encima." Además, otros estudios han mostrado que los afroamericanos que tienen frecuentes episodios aislados de parálisis del sueño, es decir, la presentación de informes que tengan uno o más episodios de parálisis del sueño al mes acuñado como "trastorno de parálisis del sueño" estaban predispuestos a tener ataques de pánico. Este hallazgo ha sido replicado por otros investigadores independientes. 

*En la cultura china, la parálisis del sueño se conoce como "gu yā shēn" o gu yā chuáng, que literalmente se traducen como "cuerpo presionado por un fantasma" o "cama presionada por un fantasma." 

*En la cultura japonesa, la parálisis del sueño se conoce como kanashibari "sujeto o atado con metal". Este término es utilizado a veces por autores de habla Inglesa para referirse al fenómeno, tanto en estudios académicos como en la literatura de espíritus popular. 

*En México, se cree que la parálisis del sueño es en realidad el espíritu de una persona fallecida que toma a la persona y obstaculiza su movimiento, llamándole a esto con la expresión "se me subió el muerto". En Colombia se le suele relacionar con brujas.

*En muchas partes del sur de Estados Unidos, el fenómeno se conoce como un "hag", y se dice a menudo que el evento es una señal de que se acercar una tragedia o accidente. En Irlanda también es conocido como "Hag" La expresión proviene de informes de una anciana que se cree que ha sido vista cerca de la víctima durante la parálisis. 



¿QUÉ SE HACE EN ESTOS CASOS?


Para poder moverse, se recomienda relajarse y no perder la calma, ya que se trata solo de un proceso temporal, en el que en realidad no corremos ningún peligro. Dado que la respiración se produce automáticamente, la persona sólo necesita percibir que está respirando con normalidad para entender que se encuentra en una fase temporal de parálisis del sueño. RECUERDA QUE TODO ESTÁ EN TU MENTE.

Puede ser útil intentar mover zonas del cuerpo poco a poco, como las piernas o los brazos. Otra técnica consiste en intentar incorporarse de golpe. Tras vencer el episodio de parálisis, es conveniente levantarse de la cama y procurar estar despierto unos minutos, antes de volver a acostarse, para evitar que aparezca de nuevo el trastorno. En algunos casos el médico puede recomendar la utilización de antidepresivos tricíclicos, por su acción inhibidora del sueño.