sábado, 28 de abril de 2012

Diálogo entre un Sacerdote y un Moribundo


Marqués de Sade



El Sacerdote: Llegado el instante fatal en que el velo de la ilusión sólo se desgarra para dejar al hombre reducido al cuadro cruel de sus errores y sus vicios, ¿no te arrepientes, hijo mío, de los múltiples desórdenes a los que te condujo la humana debilidad y fragilidad?

El Moribundo: Sí, amigo mío, me arrepiento.

El Sacerdote: Pues bien, aprovecha estos remordimientos felices para obtener del cielo, en este corto intervalo, la absolución general de tus faltas, y piensa que es por la mediación del santísimo sacramento de la penitencia que te será posible obtenerla del Eterno.

El Moribundo: No nos comprendemos.

El Sacerdote: ¡Cómo!

El Moribundo: Te he dicho que me arrepentía.

El Sacerdote: Así lo oí.

El Moribundo: Sí, pero sin comprenderlo.

El Sacerdote: ¿Qué interpretación?...

El Moribundo: Ésta... Creado por la naturaleza con inclinaciones ardorosas, con pasiones fortísimas, únicamente colocado en este mundo para entregarme a ellas y para satisfacerlas, y estos efectos de mi creación no siendo más que necesidades relativas a las primeras vistas de la naturaleza, o, si lo prefieres, sólo derivaciones esenciales de sus proyectos sobre mí, todos en razón de sus leyes, sólo me arrepiento de no haber reconocido bastante su omnipotencia, y mis únicos remordimientos sólo se refieren al mediocre uso que hice de las facultades (criminales según tú, según yo muy simples) que ella me había dado para servirla. La he resistido algunas veces, de eso me arrepiento. Cegado por tus sistemas absurdos, con ellos combatí toda la violencia de los deseos que había recibido de una inspiración más que divina, de eso me arrepiento. Coseché sólo flores cuando pude hacer una amplia cosecha de frutos... Estos son los justos motivos de mi pesar. Estímame en algo para no atribuirme otros.

El Sacerdote: ¡A dónde te arrastran tus errores, a dónde te conducen tus sofismas! Prestas a la cosa creada todo el poder del creador. ¿No ves que esas desdichadas tendencias que te extravían no son más que efectos de la naturaleza corrompida, a la cual atribuyes toda la potencia?

El Moribundo: Amigo, me parece que tu dialéctica es tan falsa como tu espíritu. Quisiera que razonaras más exactamente o que me dejaras morir en paz. ¿Qué entiendes por creador, y qué entiendes por naturaleza corrompida?

El Sacerdote: El Creador es el dueño del universo, es él quien lo ha hecho todo, lo ha creado todo, y quien conserva todo por un simple efecto de su omnipotencia.

El Moribundo: Es un gran hombre, sin duda. Pues bien, dime por qué este hombre, que es tan poderoso, ha hecho, sin embargo, según tú, una naturaleza corrompida.

El Sacerdote: ¿Cuál hubiera sido el mérito de los hombres si Dios no les hubiere dejado su libre arbitrio, y qué mérito hubiesen tenido para disfrutarlo si no hubiera habido en la tierra la posibilidad de hacer el bien y la de evitar el mal?

El Moribundo: Así, pues, tu dios ha querido hacerlo todo oblicuamente sólo para tentar o probar a su criatura. ¿No la conocía, pues no sospechaba el resultado?

El Sacerdote: Sin duda que la conocía, pero una vez más quería dejarle el mérito de la elección.

El Moribundo: ¿Para qué, desde el momento que sabía el partido que tomaría y sólo dependía de él, ya que le proclamas tan omnipotente, y sólo dependía de él, repito, el hacerla tomar el bueno?

El Sacerdote: ¿Quién puede comprender los designios inmensos e infinitos de Dios con respecto al hombre, y quién puede comprender todo lo que vemos?  

El Moribundo: Aquel que simplifica las cosas, amigo mío, sobre todo aquel que no multiplica las causas para mejor enredar los efectos. ¿Para qué necesitas una segunda dificultad cuando no puedes explicar la primera, y desde el momento en que es posible que la naturaleza haya hecho por sí sola lo que le atribuyes a tu dios, por qué quieres buscarle un amo? La causa de que no comprendas es quizá lo más simple del mundo. Perfecciona tu física y comprenderás mejor la naturaleza, depura tu razón y entonces no tendrás necesidad de tu dios.

El Sacerdote: ¡Desdichado! Sólo te creía sociniano, tenía armas para combatirte, pero veo claramente que eres ateo, y desde el momento en que tu corazón se niega a la inmensidad de las pruebas auténticas que recibimos cada día de la existencia del creador, no tengo nada más que decirte. No se le da luz a un ciego.

El Moribundo: Amigo mío, admite un hecho: de los dos, el más ciego es seguramente aquel que se pone una venda que el que se la arranca. Tú edificas, inventas, multiplicas; yo destruyo, simplifico. Tú agregas error sobre error; yo los combato. ¿Cuál de los dos es el ciego?

El Sacerdote: ¿No crees, pues, en Dios?

El Moribundo: No. Y esto por una simple razón. Es perfectamente imposible creer en lo que no se comprende. Entre la comprensión y la fe deben existir conexiones inmediatas; la comprensión es el primer alimento de la fe; cuando la comprensión no actúa muere la fe, y ésos que en tal caso pretendieran tenerla, mienten. Te desafío a que creas en el dios que me predicas -ya que no sabrías demostrármelo, ya que no está en ti el definírmelo, y, por lo tanto, no lo comprendes- y desde el momento en que no lo comprendes no puedes suministrarme de él ningún argumento razonable, pues, en una palabra, todo lo que está por encima de los límites del espíritu humano es quimera o inutilidad. Si tu dios no puede ser más que una u otra cosa, en el primer caso sería un loco si creyera en él; un imbécil, en el segundo. Amigo mío, pruébame la inercia de la materia y te concederé el creador. Pruébame que la naturaleza no se basta a sí misma y te prometo suponerle un dueño. Hasta entonces, nada esperes de mí, sólo me rindo a la evidencia y sólo la recibo de mis sentidos; dónde ellos se detienen allí mi fe queda sin fuerzas. Creo en el sol porque lo veo, lo concibo como el centro de reunión de toda la materia inflamable de la naturaleza, su marcha periódica me complace sin asombrarme. Es una operación de física, acaso tan simple como la de la electricidad, pero que no nos está permitido comprender. ¿Qué necesidad tengo de ir más lejos? ¿Cuando me hayas levantado los andamios de tu dios por encima de esto, qué habré avanzado? ¿No necesitaré hacer tanto esfuerzo para comprender al obrero como el gastado en definir la obra? Por consiguiente, no me has prestado ningún servicio con la edificación de tu quimera, has turbado mi espíritu sin iluminarlo, y debo odiarte en vez de agradecerte. Tu dios es una máquina que fabricaste para que sirva a tus pasiones, y la has hecho mover a tu capricho, pero desde el momento en que incomoda los míos permíteme que la haya derribado. En el instante en que mi alma débil tiene necesidad de calma y de filosofía no vengas a espantarla con tus sofismas, que la asustarían sin convencerla, que la irritarían sin hacerla mejor. Amigo mío, esta alma es lo que la naturaleza quiso que fuera, es decir, el resultado de los órganos que ha querido formarme en razón de sus designios y de sus necesidades; y como ella tiene una necesidad igual de vicio y de virtud, cuando quiso llevarme hacia el primero así lo ha hecho, cuando ha querido la segunda, me ha inspirado deseos por ella, y me ha entregado a ambos de igual modo. Busca sus leyes como única causa de nuestra inconsecuencia humana, y no busques a sus leyes más principios que su voluntad y su necesidad.

El Sacerdote: Así pues, todo es necesario en el mundo.

El Moribundo: Seguramente.

El Sacerdote: Pues, si todo es necesario, todo está, pues, regulado.

El Moribundo: ¿Quién dice lo contrario?

El Sacerdote: ¿Y quién pudo arreglarlo todo como está si no es una mano omnipotente y sabia?

El Moribundo: ¿No es necesario que la pólvora se inflame cuando se le aplica el fuego?

El Sacerdote: Sí.

El Moribundo: ¿Y qué sabiduría encuentras en eso?

El Sacerdote: Ninguna.

El Moribundo: Es posible, pues, que haya cosas necesarias sin sabiduría, y posible, por consiguiente, que todo derive de una causa primera, sin que haya razón ni sabiduría en esta primera causa.

El Sacerdote: ¿A dónde quieres llegar?

El Moribundo: A probarte que todo puede ser lo que es y lo que no es, sin que ninguna causa sabia y razonable lo conduzca, y que efectos naturales deben tener causas naturales, sin que haya necesidad de suponerle otras antinaturales, como lo sería tu dios, ya que él mismo tendría necesidad de explicación sin suministrar ninguna. Y, por consiguiente, desde que tu dios no es bueno para nada, es perfectamente inútil; y como hay gran probabilidad de que todo lo inútil es nulo y de que todo lo nulo es la nada, así pues, para convencerme de que tu dios es una quimera no tengo necesidad de otro razonamiento fuera del que me suministra la certeza de su inutilidad.

El Sacerdote: Sobre este pie me parece innecesario hablarte de religión.

El Moribundo: ¿Por qué no? Nada me divierte tanto como la prueba del exceso de fanatismo y de la imbecilidad humana sobre este punto. Son extravíos tan prodigiosos que el cuadro, aunque horrible, a mi juicio es siempre interesante. Responde con franqueza, y, sobre todo, destierra el egoísmo. Si fuera tan débil que me dejara sorprender por tus ridículos sistemas de la existencia del ser que hace necesaria la religión, ¿bajo cuál forma me aconsejarías que le rindiera culto? ¿Quisieras que adoptara los desvaríos de Confucio mas bien que los absurdos Brahama? ¿Que adorara a la gran serpiente de los negros, al astro de los peruanos o al dios de los ejércitos de Moisés? ¿A cuál de las sectas de Mahoma quisieras que me rindiese? ¿Qué herejía de los cristianos es, a tu juicio, preferible? Cuidado con tu respuesta.

El Sacerdote: ¿Puede ser dudosa?

El Moribundo: Dila, pues, egoísta.

El Sacerdote: No, sería amarte tanto como a mí si te aconsejara lo que yo creo.

El Moribundo: Y es querernos muy poco el escuchar semejantes errores.

El Sacerdote: ¿A quién pueden cegar los milagros de nuestro divino redentor?

El Moribundo: A quien no vea en él sino al más ordinario de todos los bribones y al más vulgar de todos los impostores.

El Sacerdote: ¡Dios, lo escuchas sin descargar tu ira!

El Moribundo: No, amigo mío, todo está en paz porque tu dios, sea por impotencia, sea por razón, o, en fin, por lo que tú quieras, es un ser al que admito por un momento sólo por condescendencia a ti, o, si lo prefieres, para prestarme a tus pequeños designios, porque ese dios, repito, si existiera como tienes la locura de creerlo, no puede, para convencernos, haber tomado los medios tan ridículos como los que tu Jesús supone.

El Sacerdote: ¡Cómo, las profecías, los milagros, los mártires, no son pruebas?

El Moribundo: ¿Cómo quieres, en buena lógica, que pueda recibir como prueba aquello que necesita probarse? Para que la profecía sea una prueba sería necesario, primeramente, que yo tuviera la certidumbre completa de que ha sido hecha; pues, al consignársela en la historia sólo tiene para mi la fuerza de los otros hechos históricos, dudosos en sus tres cuartas partes; y si a esto agrego la apariencia más que verdadera de que me han sido transmitidos por historiadores interesados, estaría, como lo ves, más que en mi derecho para dudar de ellos. ¿Quién me asegura, por otra parte, que esa profecía no ha sido hecha con posterioridad, que no ha sido el efecto de la combinación de la más simple política como la de concebir un reino feliz bajo un rey justo, o la de la helada en invierno? Y si esto es así, ¿cómo quieres que la profecía, al tener tanta necesidad de ser probada, pueda convertirse en prueba? Con respecto a tus milagros, ellos tampoco se me imponen. Todos los bribones los han hecho, y todos los tontos los han creído. Para persuadirme de la verdad de un milagro tendría necesidad de estar muy seguro de que el acontecimiento que tú llamas de esa manera fuera absolutamente contrario a las leyes de la naturaleza, pues sólo lo que está fuera de ella puede pasar por milagro. ¿Y quién la conoce bastante para atreverse a afirmar cuál es precisamente el punto en que se detiene y cuál es el que infringe? Bastan dos cosas para acreditar un pretendido milagro, un titiritero y unas mujerzuelas. Vamos, no busques jamás un origen distinto para los tuyos. Todos los nuevos sectarios los han hecho, y, lo que es más singular, todos encontraron imbéciles para creerles. Tu Jesús no ha hecho algo más singular que Apolonio de Tiana, y, sin embargo, nadie ha pensado en tomar a éste por un dios. En cuanto a tus mártires, éste es el más débil de tus argumentos, sólo falta el entusiasmo y la resistencia para hacer mártires, y mientras la causa opuesta me ofrezca tantos como la tuya, jamás estaré lo suficientemente autorizado para creer a la una mejor que la otra, sino muy inducido, en cambio, a suponer despreciables a ambas. ¡Amigo mío! Si fuera verdad que existe el dios que predicas, ¿tendría necesidad de milagro, mártir o profecía para establecer su imperio? Y si, como dices, el corazón humano fuera su obra, ¿no sería ése el santuario que hubiera elegido para su ley? Esta ley igual, pues emanaría de un dios justo, se encontraría de manera irresistible grabada igualmente en el corazón de todos, y, de un extremo al otro del universo, todos los hombres, al ser semejantes por ese órgano delicado, igualmente serían semejantes por el homenaje que rendirían al dios que le hubiera dado este corazón, no tendrían más que una manera de amarlo, más que una manera de adorarlo y servirlo y tan imposible les sería desconocer ese dios como resistir a la inclinación secreta de su culto. ¿En vez de eso, no veo en el universo tantos dioses como países; tantas maneras de servir a esos dioses como diferentes cabezas o diferentes imaginaciones hay? Esta multiplicidad de opiniones, en la cual físicamente me es imposible elegir, ¿sería, a tu juicio, la obra de un dios justo?. Vamos, predicante, ultrajas a tu dios al presentármelo de esta manera. Déjame negarlo completamente, pues si existiera, entonces le ultrajaría menos mi incredulidad que tus blasfemias. Vuelve a la razón, predicante, tu Jesús no vale más que Mahoma, Mahoma, menos que Moisés, y estos tres, menos que Confucio, quien, sin embargo, dictó algunos buenos principios mientras que los otros tres disparataban. Pero, en general, todos éstos no son más que impostores, de los cuales el filósofo se ha burlado, y a los cuáles la canalla ha creído, y a los cuales la justicia hubiera debido ahorcar. 

El Sacerdote: ¡Ay de mí, sólo lo hizo con uno!

El Moribundo: Era el que más lo merecía. Sedicioso, turbulento, calumniador, bribón, libertino, grosero, farsante y malvado peligroso, poseía el arte de engañar al pueblo y mereció, por lo tanto, el castigo de un reino en el estado en que se encontraba entonces el de Jerusalén. Fueron muy prudentes al deshacerse de él, y es quizás el solo caso en que mis máximas, extremadamente dulces y tolerantes por lo demás, admiten la severidad de Temis. Excuso todos los errores, salvo aquellos que pueden ser peligrosos para el gobierno en que se vive. Los reyes y sus majestades son las únicas cosas que se me imponen, las únicas que respeto, pues quien no ama a su país y a su rey, no es digno de vivir.

El Sacerdote: Pero, en fin, admitirás algo después de esta vida, es imposible que tu espíritu no se haya complacido, algunas veces, en atravesar la espesura tenebrosa de la suerte que nos espera. ¿Qué sistema puede ser más satisfactorio que el de una multitud de penas para quien vivió mal y el de una eternidad de recompensas para quien vivió bien?

El Moribundo: ¿Cuál, amigo mío? El sistema de la nada nunca me ha espantado: es consolador y simple. Todos los otros son obra del orgullo, sólo éste lo es de la razón. Por lo demás, no es ni espantosa ni absoluta esa nada. ¿No tengo ante mi vista el ejemplo de las generaciones y regeneraciones de la naturaleza? Nada perece, amigo mío, nada se destruye en el mundo. Hombre hoy, gusano mañana, pasado mañana mosca, ¿no es siempre existir? ¿Y por qué quieres que me recompensen por virtudes cuyo mérito no tengo, o me castiguen por crímenes cuyo dueño no he sido? ¿Puedes conciliar la bondad de tu pretendido dios con este sistema, y puede él haber querido crearme para darse el placer de castigarme, y esto sólo a consecuencia de una elección de la que no he sido dueño?

El Sacerdote: Lo eres.

El Moribundo: Sí, según tus prejuicios. Pero la razón los destruye. Y el sistema de la libertad humana sólo fue inventado para fabricar el de la gracia que llegó a ser tan favorable a tus desvaríos. ¿Qué hombre en el mundo, si viera el patíbulo junto al crimen, lo cometería si fuera libre de no cometerlo? Una fuerza irresistible nos arrastra, y ni por un instante somos dueños de determinarnos por nada que no esté del lado hacia el cual nos inclinamos. No hay una sola virtud que no sea necesaria a la naturaleza; y, reversiblemente, ni un solo crimen del que no tenga necesidad, y toda su ciencia consiste en el perfecto equilibrio en que mantiene a ambos. ¿Podemos ser culpables del lado hacia el que nos arroje? Tanto como la avispa que clava su aguijón en tu piel.

El Sacerdote: Así, pues, ¿los crímenes más grandes no deben inspirarnos ningún espanto?

El Moribundo: No he dicho eso. Basta que la ley lo condene y que la cuchilla de la justicia lo castigue para que nos inspire la aversión o el terror, pero desde que desdichadamente se haya cometido, hay que saber tomar su partido y no entregarse a estériles remordimientos. Su efecto es vano, pues no pudo preservarnos de él; nulo, pues no lo repara. Es absurdo, pues, entregarse a los remordimientos, y más absurdo aun temer el castigo en el otro mundo si somos bastante dichosos de haber escapado al castigo de éste. Dios no quiera que vaya con esto a estimular el crimen, hay que evitarlo tanto como se pueda, pero es por la razón que es necesario huirle, y no por falsos temores que no consiguen nada, y cuyo efecto se destruye tan rápido en un alma firme. La razón, amigo mío; sí, sólo la razón debe advertirnos que perjudicar a nuestros semejantes no puede jamás hacernos felices, y nuestro corazón, que contribuir a su felicidad es lo más grande que la naturaleza nos haya acordado en la tierra. Toda moral humana se encierra en esta sola frase: hacer a los demás tan felices como uno mismo desea serlo, y no causarles nunca. un mal que no quisiéramos recibir. Estos son, amigo mío, estos son los únicos principios que debemos seguir y no hay necesidad de religión ni de dios para apreciarlos y admitirlos: Sólo se necesita un buen corazón. Pero siento que me debilito, predicante. Abandona tus prejuicios, sé hombre, sé humano, sin temor y sin esperanza, abandona tus dioses y tus religiones. Todo esto sólo es bueno para poner cadenas en las manos de los hombres, y el solo nombre de todos estos horrores ha hecho verter más sangre en la tierra que todas las otras guerras y plagas juntas. Renuncia a la idea del otro mundo, no lo hay, pero no renuncies al placer de ser feliz y de hacer la felicidad en éste. Esta es la única manera que te ofrece la naturaleza rara duplicar o extender tu existencia. Amigo mío, la voluptuosidad siempre fue el más querido de mis bienes, le he ofrecido incienso toda mi vida, y quiero terminarla en sus brazos. Mi fin se aproxima. Seis mujeres más bellas que el día están en el cuarto vecino, las reservaba para este momento. Toma de ellas tu parte, trata de olvidar en su seno, a ejemplo mío, todos los vanos sofismas de la superstición y todo los imbéciles errores de la hipocresía.

Nota: El moribundo llamó, las mujeres entraron y el predicante se convirtió en sus brazos en un hombre corrompido por la naturaleza, por no haber sabido explicar lo que era la naturaleza corrompida.

FIN

domingo, 15 de abril de 2012

¿Un sacerdote católico “padre” del Ateísmo?



Jean Meslier(1664-1719)






En el 2007, diez años después de la muerte de madre Teresa de Calcuta, aparecieron 40 cartas de la Beata donde ponía en duda sus creencias a sus confesores por más de 40 años. En uno de los textos la madre Teresa manifestaba “¿Para qué hago este trabajo? Si no hay Dios, no puede haber alma. Si no hay alma, entonces Jesús, tú tampoco eres verdadero”. Esto es sólo la “punta del iceberg” de la soledad, la tortura y el desencanto que la monja albanesa vivió por más de 40 años. Pero la evidencia del descreimiento de la monja de Calcuta, no fue evidente para el Vaticano, pues veía en esas manifestaciones explícitas de falta de Fe, lo que eufemísticamente manifiestan como “desierto espiritual” o “noche oscura”, característico de los santos místicos; aunque la candidata a los altares no fuera mística. La Iglesia hacía de esta manera lo que es su mayor destreza, malabarismo intelectual para hacer ver lo negro blanco y lo blanco negro. Veía en la falta de Fe de la Beata, la forma implícita de la mayor Fe, por ende candidata a los altares, disimulando la vergüenza de la monja de Calcuta al pedir a sus confesores quemar las cartas después de su muerte.

Pero el mayor “desierto espiritual” de la historia de los sacerdotes católicos, lo tiene Jean Meslier (1664-1729), quien mantuvo su ateísmo en el “clóset” hasta su muerte, después de ser sacerdote en un pueblito de Francia, Entrépigny en la Champagne. Al morir Meslier no pidió que destruyeran su obra testamental para sus feligreses, la cual fue encontrada al lado de sus pertenencias. La editorial Laetoli recientemente la publicó con el nombre de “Memoria contra la religión”. En dicha obra el cura párroco les dice a sus feligreses lo falso que es la Iglesia, la religión, Jesús, Dios y también se manifestaba contra la aristocracia reinante, la monarquía. Hacía también un llamado a la justicia social y se manifestaba contra el pensamiento idealista. Alababa al materialismo auténtico y sobre todo un ateísmo hedonista amante de los placeres de la vida. Este libro fue editado por primera vez en Francia en el siglo XVIII y se publicaron 30,000 ejemplares que circulaban entre las elites ilustradas de la época.

Meslier tuvo influencia de Montaigne y del panteísta Spinoza, pero él influyó en el Barón Holbach, gran ateo de la ilustración, cuyos libros adornaban el Index Librorum Prohibitorum de la Iglesia católica. De hecho en el libro de Holbach “Sistema de la Naturaleza” en su edición de 1835 introduce un capítulo que se llama “El buen sentido del cura Meslier”. En este texto expone el ateísmo irreverente del sacerdote francés, lo cual enojó a Voltaire, quien también había hecho una antología del cura Meslier pero suavizada y editada acorde a su deísmo (creencia en un Dios no revelado).

Meslier además de no creer en ninguna deidad, hacía un llamado a sus feligreses, de forma póstuma, a disfrutar la vida y no preocuparse por el más allá, muy parecido al mensaje puesto por Richard Dawkins y más ateos en los buses de Europa “Lo más probable es que Dios no existe, no te preocupes disfruta de la vida”. Pero las palabras de Meslier son más elocuentes cuando dice: “No se puede esperar ningún bien ni temer ningún mal tras la muerte; aprovechad pues sabiamente el tiempo, viviendo bien y gozando sobria, pacífica y alegremente si podéis de los bienes de la vida y de los frutos de vuestros trabajos, pues es lo que os pertenece y el mejor partido que podéis tomar, ya que la muerte, al poner fin a la vida, también pone fin a todo conocimiento y todo sentimiento del bien y del mal.”

El filósofo francés Michel Onfray menciona brevemente al cura Meslier en su libro Tratado de ateología publicado en 2007. Pero el mismo Onfray se extiende más sobre el cura ateo en su más reciente obra Contrahistoria de la Filosofía, tomo IV, subtitulado “Los ultras de las luces”. Le dedica un largo y extenso capítulo según nos informa anagrama. Onfray denomina a Jean Meslier “El primer filósofo ateo de la historia” y al hablar de su libro manifiesta “El libro de Meslier es-sigue siendo-“una bomba”. Hombre de un único libro, “pero ¡qué libro¡…un libro maldito de un autor maldito; un libro genial de un pensador genial”. Para Onfray el también autor de “La fuerza de existir”, Manifiesto hedonista, Meslier es el que primero expone un pensamiento estructurado ateo de la historia de occidente. Para él con Meslier comienza la historia del ateísmo.

Es lícito preguntarnos el porqué un sacerdote católico se presenta para algunos como el “Bing Bang “ del ateismo pre-ilustración, y más preguntas nos surgen de por qué el ilustre clérigo se mantuvo en el “clóset” de su ateísmo ejerciendo una profesión incoherente a su testamento filosófico. Las respuestas pueden ser variadas, entre ellas cabe la probabilidad de que su posición de cura de parroquia le significaba buenos dividendos y estabilidad económica. También el miedo a una excomunión pudo ser su mayor estímulo a su silencio en vida, pues el látigo de la exclusión social por estos decretos eclesiásticos, era equivalente a una muerte civil tal que no estaba dispuesto a pagar el precio. También su silencio pudo ser cómplice para tener licencia de investigar más a fondo los orígenes de su supuesta religión. Su silencio pudo nutrir su obra a como se nutre un diario personal donde se dijo lo que se piensa de las experiencias de vida en su Iglesia. La figura paradójica del cura Meslier salta de la pluma de Voltaire y Holbach como la figura de un héroe ateo; no como producto de un “desierto espiritual”, como dicen los eclesiásticos, sino como el producto ilustrado de una “Primavera Intelectual”.

miércoles, 11 de abril de 2012

Bienvenid@s Herejes

Si Pensar es Pecado, seamos Pecadores


Blog dedicado a promover el orgullo de ser Ate@, la Crítica Abierta a la Religión, El Escepticismo y el Libre Pensamiento, Defender el Laicismo y el Humanismo Secular, así como la Divulgación Científica; con un toque de Humor y Música. 



"L@s Ate@s deben estar orgullo@s y no compungid@s, debido a que el ateísmo es una prueba de tener una mente saludable e independiente" - Richard Dawkins


"¿Saben? Hace poco me enteré de que la palabra 'HEREJE' viene de la palabra griega 'hereticos', que significa 'poder elegir'; que casi lo dice todo. ¿No les parece?" - Pat Condell










L@ ate@s no permitimos que nos digan cómo pensar ni en qué creer, por eso somos Librepensadores, hemos llegado a esta ideología mediante la razón, dejamos de creer en cuentos de hadas y mitologías; respetamos el derecho de las personas a creer, así como nosotros también tenemos derecho a no creer; pero jamás respetaremos a las instituciones religiosas o los libros 'sagrados' que promueven misoginia, ignorancia y violencia disfrazadas de amor, ni a seres imaginarios inventados para imponer ideologías retrógradas y ganar poder aprovechándose de la fe de las personas.




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Carta de Apostasía


¿Quieres Apostatar? Es decir, renunciar oficialmente a la religión católica. 

El trámite no es complicado pero hay que ser insistente. 


Sólo cambia los datos por la Arquidiócesis y el Obispo de tu Ciudad, y anexa una copia de tu identificación y de tu Fe de Bautismo, junto con una carta similar a esta.





México DF. a ………de ……..de 2012
Nombre ……………………..
Dirección…………………………………


Cardenal Norberto Rivera(o el Obispo de su ciudad)
Arquidiócesis de México 
Durango #90 6º piso, Col. Hipódromo Condesa
Tribunal Eclesiástico 
C.P. 06700 México D.F


Por medio de la presente, hago constar ha usted de mi irrevocable decisión de abandonar la iglesia que usted encabeza, esto debido a que estoy en total desacuerdo con las políticas agresivas e intromisivas de la misma y de sus representantes y más altos dignatarios, por lo que por medio de la presente yo …………………………….en pleno uso de mis facultades y libertades consagradas en nuestra carta magna, así como en diversos códigos federales, exijo se lleve a cabo el tramite que ustedes llaman “abandono oficial de la fe” amparado tanto en derecho canónico, como en tratados internacionales de protección de datos personales. Los motivos que me llevan a tomar esta decisión los enumero a continuación: 

• Vulneración del Estado laico mexicano

En fechas recientes representantes de la Iglesia Católica han insistido en intervenir activamente en la vida política de nuestro país, lacerando con ello la vigencia del Estado laico mexicano y ridiculizando el marco legal que sustenta la convivencia pacífica de todos los ciudadanos.

• Postura frente a la sexualidad

Las posturas promovidas por su Iglesia respecto de la sexualidad, particularmente la femenina, son un factor clave en la promoción del atraso social; esto respecto al control de la natalidad (prohibición del aborto y de la píldora del día siguiente), protección contra enfermedades (oposición al uso del condón) y el derecho de los individuos a expresar su orientación sexual (condena de la homosexualidad).

• Declaraciones discriminatorias

Se ha recurrido al púlpito de forma generalizada para fomentar el rechazo y la discriminación hacia las personas que no concuerdan con la ideología impuesta por su Iglesia, priorizándose el lenguaje de odio sobre uno que busque la integración de los seres humanos. Igualmente la estigmatización de quienes deciden contraer legal matrimonio con una persona de su mismo género, realizar la adopción dentro de una de dichas parejas y de quienes padecen alguna enfermedad de transmisión sexual.

• Encubrimiento de delitos

El uso sistemático de los mecanismos de su organización para encubrir y solapar a los miembros del clero que cometen delitos legalmente reconocidos como tales, siendo el más grave de estos el abuso sexual y la pederastia.

• Practicas represivas

Por último las prácticas represivas que históricamente han impuesto a su grey, generando con ellas una sociedad sumisa, llena de atraso, división y culpa.

Siendo lo anterior muestra innegable del perjuicio que su institución ha generado a la sociedad, así como de la doble moral que la caracteriza, busco dejar prueba fehaciente de que de ninguna manera me representan a mí o a mi familia, y de que existimos quienes rechazamos categóricamente la continuidad de instituciones, practicas e ideas tan dañinas y retrogradas.

El derecho de cancelación de mis datos incluye la eliminación total de toda constancia registral, en primer lugar porque habiendo dejado yo de ser miembro de la Iglesia los datos del registro pierden su finalidad y deben destruirse, en segundo lugar porque mantenerlos implicaría una falsedad. En consecuencia, estimaré que en el plazo legal de 20 días haga suprimir todo registro sobre mi persona que actualmente se halle bajo responsabilidad de la Iglesia católica en la República Mexicana, bajo apercibimiento de iniciar las acciones de protección de datos personales a las que ha lugar por derecho.

En merito de lo expuesto, se solicita el cumplimiento de todas y cada una de las demandas reseñadas, que están fundamentadas en la legislación antes mencionada y en plena vigencia. Quedando a la espera de una pronta y favorable respuesta, lo saludo a Ud. atentamente.


Atentamente

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Nombre y Firma

Carta a una Fanática


Desde hace muchos años, Laura C. Schlessinger (médica, psicóloga, autora de best sellers y consejera familiar) conduce en California el segundo Talk show más oído en Estados Unidos. Doce millones de personas la escuchan a través de 300 estaciones de radio y le formulan consultas que ella contesta. Es entrevistada en forma habitual en los principales diarios y cadenas de televisión y ha recibido todos los premios imaginables. Uno de sus diez libros se titula "Los diez mandamientos", el significado de la ley de Dios en la vida cotidiana. 

En uno de sus programas recientes dijo que la homosexualidad no podía ser consentida, apoyándose en el versículo 18:22 del Levítico: "No te echarás con varón como mujer, es abominación".




Un oyente le envió una amable carta, en la que le agradece sus enseñanzas. Para compartirlas con todos sus conocidos le pide "algún consejo adicional respecto a otras leyes bíblicas y cómo cumplirlas":



a) Me gustaría vender a mi hermana como esclava, tal y como indica el Éxodo, 21:7. En los tiempos que vivimos, ¿qué precio piensa que sería el más adecuado?

b) El Levítico, 25:44, establece que puedo poseer esclavos, tanto varones como mujeres, mientras sean adquiridos en naciones vecinas. Un amigo mío asegura que esto es aplicable a los mexicanos, pero no a los canadienses. ¿Me podría aclarar este punto? ¿Por qué no puedo poseer canadienses?

c) Sé que no estoy autorizado a tener contacto con ninguna mujer mientras esté en su período de impureza menstrual (Levítico 5:19-24). ¿Cómo puedo saber si lo están o no? He intentado preguntarlo, pero muchas se ofenden.

d) Tengo un vecino que insiste en trabajar en el Sábado. El Éxodo 35:2, establece que merece la pena de muerte. ¿Estoy moralmente obligado a matarlo yo mismo?

e) En el Levítico 21:20 se establece que uno no puede acercar se al altar de Dios si ti ene un defecto en la vista. He de confesar que necesito anteojos para leer. ¿Mi agudeza visual tiene que ser del 100 por ciento? ¿Se puede rebajar un poco esta condición?

f) La mayoría de mis amigos (varones) llevan el pelo bien cortado y cuidado, incluso en la zona de las sienes, a pesar de que esto está expresamente prohibido por el levítico, 19:27. ¿Cómo han de morir?

g) Sé gracias al Levítico, 11:6-8, que tocar la piel de un cerdo muerto me convierte en impuro. ¿Puedo seguir jugando al básquet si me pongo guantes?

h) Mi tío tiene una granja. Incumple lo que se dice en el Levítico 19:19, ya que siembra dos cultivos distintos en el mismo campo, y también lo incumple su mujer, ya que lleva prendas hechas de dos tipos de tejido diferentes (algodón y poliéster). El, además, se pasa el día maldiciendo e insultando. ¿Es realmente necesario llevar a cabo el engorroso procedimiento de reunir a todos los habitantes del pueblo para lapidarlos? (Lev 24:10-16). ¿No podríamos sencillamente quemarlos vivos en una reunión familiar privada, como se hace con la gente que duerme con sus parientes políticos? (Lev 20:14).

Dan Barker: Carta a los Creyentes


Dan Barker es un reconocido ex evangelista y músico cristiano estadounidense que renunció a su religión y se declaró abiertamente ateo. En la actualidad es un militante a favor de la secularización de la sociedad norteamericana. 

En su libro 'Perdiendo la Fe en la Fe, de Predicador a Ateo' escribió lo siguiente:







Querido Creyente:


Me has pedido que considere al Cristianismo como la respuesta a mi vida. Y lo hice. Lo considero falsa, repugnante y perjudicial. ¿Esperas que crea que Jesús nació de una virgen embarazada por un espíritu? ¿Crees en todos los cuentos locos de las religiones antiguas? Se dice que Julio César nació de una virgen; el historiador romano Suetonio dijo que Augusto ascendió al cielo cuando murió; y Buda se supone que nació hablando. No crees en todo eso, ¿no? ¿Por qué esperas que me trague las fábulas del Cristianismo?


Encuentro increíble que me pidas que crea que la tierra fue creada en seis días literales; que las mujeres vienen de una costilla masculina; que una serpiente, un burro y un arbusto ardiente hablaron; que el mundo entero fue inundado, cubriendo las montañas para ahogar la maldad; que todas las especies animales, millones, viajaron en un barco; que las variaciones idiomáticas provienen de la torre de Babel; que Moisés tuvo una vara mágica; que el Nilo se convirtió en sangre; que un pedazo de madera se convirtió en serpiente; que las brujas, hechiceros y magos existen en realidad; que llovió comida del cielo durante 40 años; que gente fue curada por mirar una víbora de latón; que el sol se detuvo para ayudar a Josué a ganar una batalla, y que retrocedió para el rey Ezequías; que hombres sobrevivieran sin auxilio en un horno ardiente; que una mano flotó en el aire y escribió en un muro; que hombres siguieron una estrella que los dirigió a una morada particular; que Jesús caminó sobre las aguas sin ayuda; que panes y peces se multiplicaron mágicamente para alimentar a los hambrientos; que el agua instantáneamente se convirtió en vino; que la enfermedad mental es causada por demonios; que un “diablo” con alas existe y causa el mal; que personas fueran curadas por entrar a una piscina agitada por ángeles; que voces sin cuerpo hablen desde el cielo; que Jesús se haya desvanecido y luego se materializó de la nada; que personas fueron curadas por la sombra de Pedro; que ángeles sacaron a personas de la cárcel; que un ardiente lago de eterno tormento espera a los no creyentes en el interior de la tierra… mientras hay vida-más-allá-de-la-muerte en una ciudad de 1500 millas cúbicas, con mansiones y comida sólo para los Cristianos.


Si crees estas historias, entonces tú eres quien tiene un problema, no yo. Estos mitos violan la ley natural, contradicen la ciencia, y fallan en corresponderse con la realidad o la lógica. Si no puedes notarlo, entonces no puedes separar la verdad de la fantasía. No importa cuánta gente acepta ilusiones propagadas por “santos” hombres; una mentira sostenida ampliamente sigue siendo una mentira. Si eres tan crédulo, entonces eres como los niños que creen al hermano mayor que dice que hay un monstruo en el vestíbulo. Pero no hay de qué preocuparse; vé, prende la luz y observa tú mismo.


Si el Cristianismo fuera simplemente falso no estaría muy preocupado. Papá Noel es falso, pero es un inocuo mito que la gente descarta al crecer. Pero el Cristianismo, aparte de ser falso, es también detestable. Me asombra que afirmes amar al dios de la biblia, un odioso, arrogante, sexista y cruel ser que no puede tolerar críticas. ¡No quisiera vivir en el mismo vecindario con semejante criatura!


El dios bíblico es un guerrero machote. Aunque dijo “No matarás”, ordenó la muerte de toda oposición, ahogamiento al por mayor y exterminios masivos; castiga descendencia hasta la cuarta generación (Éxodo. 20:5 ); ordenó abrir en canal a mujeres embarazadas y estrellar a niños contra el suelo (Osias. 13:16 ); demanda sangre humana y animal para apaciguar su hambrienta vanidad; toma partido por una raza de personas; juzga inferiores a las mujeres respecto de los hombres; es un sádico que creó un infierno para torturar incrédulos; creó el mal (Isaias. 45:7 ); discriminó a los minusválidos (Levitico. 21:18-23 ); ordenó que vírgenes sean mantenidas como botín de guerra (Numeros. 31:15-18,Deuteronomio. 21:11-14 ); arrojó estiércol a la cara de la gente (Malaquias. 2:3 ); envió osas a devorar 42 niños que molestaban a un profeta (2ª Reyes 2:23-24); castiga a la gente con víboras, perros, dragones, embriaguez, espadas, flechas, hachas, fuego, hambre e infanticidio; y dijo que los padres deberían comer a sus hijos (Ezequiel. 5:10 ). ¿Es simpático eso? ¿Te gustaría tener por vecino a tal persona?


Y Jesús es digna astilla del palo. Él dijo, “Yo y mi padre somos uno”, y el sostenía “cada jota y tilde” de la ley del Antiguo Testamento.(Mateo. 5:18 ). Él predicaba la misma vieja sentencia: venganza y muerte; ira y angustia, infierno y tortura de todos los inconformes. Él creía en demonios, ángeles y espíritus. Él nunca denunció la sojuzgación de esclavos o mujeres. Las mujeres fueron excluidas como discípulas y como invitadas en su mesa celestial. Exceptuando el infierno no introdujo nada nuevo a la ética o la filosofía. Era irrespetuoso con su madre y hermanos; dijo que deberíamos aborrecer a nuestros padres y abandonar nuestras familias. [Mateo. 10:35-36, Lucas. 14:2 6] (tremendo aporte por la “Vida familiar Cristiana”). Denunció al cólera, pero él mismo se enojó. (Mateo. 5:22, Marcos. 3:5 ). Llamaba “necios” o “insensatos” a las personas (Mateo. 23:17,19 ), “serpientes” y “sepulcros blanqueados”, aunque advertía que semejante lenguaje te expone a las llamas del infierno. (Mateo. 5:22 ). Él dijo “No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada.” [Mateo. 10:34 ] (tremendo aporte por la “Paz Mundial”). Irracionalmente maldijo y marchitó una higuera por no estar en época de dar frutos. (Mateo. 21:19 ). Mandó hacer quemar a los no creyentes [Juan. 15:6 ] (cosa que la Iglesia cumplió con delicia). Robó un caballo. (Lucas. 19:30-33 ). Dijo a la gente que se corte las manos, pies, ojos y órganos sexuales.( Mateo. 5:29-30 ). Quieres que acepte a Jesús, pero creo que voy a elegir a mi amigo por mi cuenta, gracias.


Una de las muchas contradicciones de Jesús fue decir que las buenas obras deberían verse, y no verse. (Mateo. 5:16, 6:1- 4 ). Uno de sus errores fue decir que la planta de mostaza tiene las semillas más pequeñas. (Mateo. 13:31-32 ). Los escritores de Mateo y Lucas no pudieron siquiera ponerse de acuerdo en su genealogía, contradiciendo el Antiguo Testamento, y dando a Jesús dos líneas discrepantes a través de José, ¡que ni siquiera era su padre!


También encuentro al Cristianismo moralmente repugnante. Los conceptos de pecado original, depravacón, indulgencia sustitutiva, intolerancia, castigo eterno, y humilde adoración están todos por debajo de la dignidad de los seres humanos inteligentes y en conflicto con los valores de la bondad y la razón. Son ideas bárbaras para culturas primitivas que se estremecen de miedo e ignorancia.

Finalmente, el Cristianismo es dañino. Más gente fue asesinada en el nombre de un dios que por cualquier otra razón. La Iglesia tiene una vergonzosa y sangrienta historia de Cruzadas, Inquisiciones, quema de brujas, procesamiento de herejes, intolerancia en la América colonial, falta de respeto de tradiciones indígenas (como a los nativos americanos), apoyo a la esclavitud, y opresión de la mujer. Los “frutos” modernos de la religión incluyen la masacre de Jonestown, el insensible fraude de los “sanadores de la fé”, las recientes guerras y limpiezas étnicas, y los enfrentamientos en Irlanda del Norte. La religión también plantea un peligro a la salud mental, dañando el auto-respeto, la responsabilidad personal, y la claridad de pensamiento.

¿Ves por qué no respeto el mensaje bíblico? Es un saco insultante de sinsentidos. Tienes todo el derecho de atormentarte a tí mismo con semejante locura pero no me metas en eso. Tengo mejores cosas que hacer con mi vida.


[ Dan Barker, Perdiendo la fe en la Fe 1992, pp. 214-217. ]